La gente muchas veces repite frases hechas que pasan de generación en generación y que aceptamos como verdades absolutas sin cuestionar:
las hijas son para su padre y los hijos para la madre, disfruta de los niños que son pequeños que luego te dan problemas… Tú no sirves para esto, no tienes fantasía, no eres lo bastante creativa, eres de letras… Estas frases, que en principio podrían parecer inofensivas, son las más importantes ya que generan en nuestra mente unos principios básicos que nuestro cerebro cree a pies juntillas y que se llaman creencias limitantes.
Las creencias limitantes son nuestra percepción de la realidad, el espejo distorsionado en el que nos estamos mirando y que nos impide crecer, desarrollarnos como personas o alcanzar la vida que deseamos y merecemos.
Acostúmbrate a cuestionar las creencias, porque esas frases que pueden parecer inofensivas se convierten en nuestro cerebro en mantras poderosos que dictan una realidad y que nuestro cerebro registra como verdades absolutas; finalmente estas creencias son las que gestionan nuestra existencia.
¿Por qué pensamos si no que las grandes marcas invierten tanto dinero, tiempo, equipo y energía creando un slogan? ¿qué es un slogan si no una creencia?
¿Te has parado a pensar cuáles son tus creencias?
Sobre todo las limitantes: “salí despistada como mi madre“, “no se me dan bien las manualidades”…tal vez eso te lo han repetido desde pequeña y tú lo has aceptado como verdad absoluta, la mayoría de las veces, sin darte cuenta.
Cada una de estas creencias limitantes son programas que van funcionando en tu ordenador cerebral y van generando y construyendo tu realidad.
Si yo voy diciendo continuamente: No me da la vida para….¿cuál es la realidad que voy generando ¿ enseguida captamos que alguien que repite ese mantra continuamente va apagando incendios , va conduciendo un coche desbocado . Seguro que no es el mantra de alguien que controla su vida y que va por delante de los acontecimientos.
No compres ninguna idea sin verificarla primero, y cuando te quieran vender una idea no dudes en hacer como en las tiendas: la abres, te la pruebas y si no te queda bien, la devuelves inmediatamente.