Cuando aparece un síntoma —ansiedad, bloqueo emocional, procrastinación, dolor persistente, autosabotaje— solemos vivirlo como algo que hay que eliminar cuanto antes. Lo interpretamos como una debilidad nuestra y nos preguntamos “¿qué me pasa?” o “¿por qué no puedo cambiar?”, sin sospechar que ese síntoma no ha surgido para dañarnos, sino para protegernos. Desde una mirada terapéutica…
