En su libro, “La biología de la creencia”, el dr. Bruce Lipton explica el hecho de que la mente controla nuestra biología. Hay dos mentes: la mente consciente, que es la mente creativa con nuestra identidad personal o nuestro espíritu, y la mente subconsciente, que es casi como un dispositivo de grabación que graba comportamientos y, con solo presionar un botón, reproduce el comportamiento.. Esta es la mente habitual que no piensa.
Lo que ocurre es que no somos conscientes de que manejamos nuestras vidas, el 95 por ciento del tiempo, desde los programas subconscientes y solo el 5 por ciento del tiempo desde la mente creativa, personal y consciente. ¿De dónde vienen estos hábitos? Durante los primeros siete años de la vida de un niño, la parte consciente del cerebro no funciona principalmente. El cerebro está funcionando a un nivel de EEG muy bajo, llamado theta. Un niño está observando el entorno como una cámara de televisión, grabando todo, pasando por alto la conciencia, que aún no funciona, y yendo directamente al subconsciente. Para el niño, sus padres son sus maestros, ya que el pequeño aprende por imitación, y esto lo archiva en el subconsciente.
Así, el niño aprende sus hábitos fundamentales descargando los programas según los cuales se rigen sus padres y ellos se convertirán en su modo “automático” de reaccionar en su vida.
La salud y la felicidad provienen de la armonía cuerpo-mente. En realidad el amor no es un concepto abstracto sino que se vuelve fisiológico. La sensación de amor libera todos los químicos necesarios para el crecimiento, mantenimiento y salud de nuestro cuerpo. De la misma manera, estar enamorado nos mantiene en un entorno químico que sustenta nuestra vitalidad y nuestro crecimiento. El amor se convierte en bioquímica. Y la bioquímica del amor es la química que más promueve la salud y el crecimiento que puedes tener.