¿Alguna vez has quedado para ver a alguien y, antes de salir de casa, ya te sentías cansada?
¿Te has descubierto pensando qué decir y qué no para evitar conflictos?
¿Has sentido que, después de compartir tiempo con esa persona, necesitas “recuperarte” emocionalmente?
Si respondiste que sí, no estás sola… y no estás exagerando.
Con los años, muchas personas empiezan a notar que ciertas relaciones ya no se sienten como antes. No es que haya pasado algo grave. Simplemente ya no hay escucha, ya no hay apoyo mutuo o siempre eres tú la que comprende, la que llama, la que cede o la que calla con tal de que la relación continúe o de evitar un conflicto.
Piensa en este ejemplo: una amiga de toda la vida con la que antes reías sin parar. Hoy, cada conversación gira en torno a sus problemas. Cuando intentas hablar de los tuyos, cambia de tema o les quita importancia o, lo que es peor, te hace comprender que su problema es mucho más grave que el tuyo. Cuando terminas ese encuentro te sientes más sola y vacía, incluso culpable por pensar que “ya no te apetece verla”.
A veces seguimos ahí por rutina, por miedo a quedarnos solas o por evitar herir a la otra persona si le dices que deseas espaciar vuestros encuentros. Pero hay algo muy importante que debes tener en cuenta: permanecer en una relación que ya no te aporta, te va apagando poco a poco. Por otro lado, soltar no siempre es cortar de raíz; puede ser tomar distancia, poner límites o aceptar que ese vínculo ya no encaja en tu vida actual.
Elegir relaciones que te den paz no te hace mala persona. Te hace honesta contigo misma. Y en esta etapa de la vida, eso también es una forma de amor propio.
1 Comentario
Juana
Es difícil tomar esa decisión porque temes hacer daño a la otra persona. Es verdad que posiblemente es la decisión más sana, pero cuesta.