El ochenta por ciento del planeta se muere de hambre. Y sin embargo seguimos empeñados, y muchas veces sin lógica alguna, en endeudarnos para montar una fiesta, una celebración. ¡Cuántas cosas hacemos en nuestra vida por quedar bien!, porque se lleva, porque no queremos ser menos, y por no ser diferentes. Muchas veces te endeudas para hacerle una fiesta a tu hijo, y cuando te das cuenta, tu hijo está jugando con sus amigos tirado en el suelo a algo que, a ellos, les parece más divertido. Antes de hacer una fiesta deberíamos pensar quién lo necesita, qué es lo que necesita y qué es lo que quiero hacer con mi dinero.
Me tocó visitar hace unos años, un centro de acogida de niños de casas con malos tratos. Tuve la suerte de conocer al director, una persona carismática, encantadora y que los quería como un padre. Mientras me estaba enseñando las instalaciones del centro, estábamos conversando acerca de la educación y las necesidades de los jóvenes. Y una de sus observaciones me pareció digna de compartir:
“lo más importante para un niño/a es tener a una madre y/o un padre que los quieran y los protejan, que ejerzan de padres. Si tienen eso, pueden con casi con todo en esta vida”.
“Le quiero dejar claro”, me seguía diciendo, “que con el dinero que cuesta un arreglo floral en una fiesta, nosotros podríamos sacar a un niño de un hogar problemático”.
Por eso, siempre que veo derroche innecesario me pregunto: ¿se podría haber utilizado este dinero para algo más significativo?