Esa sensación de mariposas en el estómago antes de un evento importante… una reunión, un viaje, o incluso decisiones familiares, es lo que llamamos ansiedad anticipatoria. Y aunque es común, puede agotarnos si no aprendemos a manejarla.
– El primer paso es reconocerla. Decirte a ti misma “esto es ansiedad, y está normal sentirlo” permite observar la emoción sin dejar que te controle. Luego, respira profundamente: inhala contando hasta cuatro, mantén dos segundos y exhala hasta seis. Si te parece complicado, prueba a tener a mano algún aroma o aceite esencial que te agrade; el simple hecho de olerlo hace que inhalemos profundamente y ese gesto nos transmite calma. Solo unos minutos ayudan a relajar cuerpo y mente.
– Enfócate en el presente. Confecciona una lista con tus tareas, ordénala por prioridades y empieza por la más urgente. Después de lograr cada tarea, te sentirás menos ansiosa y más en paz contigo misma. Enfocarte en el “ahora” reduce la preocupación por lo que aún no ha pasado.
– Ajusta tus expectativas. El interiorizar esta enseñanza es una gran lección de humildad, además de ayudarte a disminuir la ansiedad.
– No necesitas hacerlo perfecto. Ya hemos visto cómo la perfección se puede convertir en una trampa en nuestra vida que nos impide disfrutar de lo que tenemos y nos enfoca en lo que nos falta.
“La verdadera libertad es aprender a soltar lo que no puedes controlar.” — Jack Kornfield