Parte del estrés y los problemas que padece nuestra sociedad es que se nos presentan varios frentes abiertos y nos abruma esa perspectiva.
Una de las maneras más importantes de enfrentar las preocupaciones es, en primer lugar, no permitir que el sistema límbico, la amígdala, la parte emocional, se apodere del control de nuestra mente, porque entonces es cuando podemos incurrir en el error de tomar decisiones viscerales y no sopesar el efecto de nuestras acciones. Esas son las reacciones que a veces, después de una discusión o un enfrentamiento, hace que nos arrepintamos de lo que hemos dicho o hecho.
Otro punto no menos importante es abordar los conflictos que tenemos que resolver de uno en uno. Nuestro cerebro no es en absoluto multitasking, no tenemos la capacidad de controlar cuatro, cinco, seis cosas a la vez, ni siquiera dos. Nuestro cerebro es un niño bueno que se dedica a cada una de las tareas que tiene que hacer de modo aquí-y-ahora.
¿Qué tenemos que hacer cuando tenemos varios frentes abiertos? Ponerlos de uno en uno. Organizar las cuestiones que tenemos que enfrentar en fila, y hasta que no le demos prioridad a uno de los conflictos no pasamos al siguiente. Porque lo que nos genera mucha ansiedad es pensar que tenemos muchos frentes abiertos y eso solo nos conduce al miedo, a la ansiedad, a ver todos nuestros problemas como si fueran un montón de niños que reclaman todos nuestra atención pero no podemos dársela a todos a la vez.
Las personas que tienen que talar un árbol gigante, nunca lo talan desde la base, si no que empiezan a talar ramita tras ramita, y después, cuando ya han talado todas las ramas, les queda solamente el tronco y entonces es muy fácil derribarlo. No es casualidad que lo hagan así, no se trata de que quieran trabajar más ni de que se organicen peor, es que esa es la manera de afrontar y de enfrentar una gran cuestión, de a poquito, por partes, por capítulos, y ya veréis como después os queda solamente una ramita y es mucho más fácil derribarla.