EL PODER SANADOR DE LA FALSA CIRUGÍA

FALSA CIRUGÍA

El New England Journal of Medicine presentaba al doctor Bruce Moseley, un traumatólogo famoso por sus intervenciones en personas con dolor debilitante en la rodilla. Para demostrar la eficacia de sus operaciones de rodilla, diseñó un brillante estudio: a un grupo de pacientes se le sometió a la reputada intervención del doctor Moseley mientras que al otro grupo de pacientes se les practicó una cirugía simulada, realizada minuciosamente y durante la cual el paciente permaneció sedado Se practicaron tres incisiones en el mismo sitio que en la intervención real y se mostró al paciente un vídeo en el que podía verse la intervención (llevada a cabo a otro paciente). Tal como se preveía, un tercio de los pacientes sometidos a la intervención real experimentaron la desaparición de su dolor de rodilla. Pero lo que sorprendió realmente a los investigadores fue que se observaron los mismos resultados en aquellos a los que se les sometió a la cirugía simulada. El ensayo del doctor Moseley, un ensayo clínico aleatorio, publicado en una de las revistas médicas de mayor prestigio, demostró que un porcentaje significativo de pacientes experimentaron la resolución del dolor de rodilla tan sólo porque creyeron que habían sido sometidos a una intervención quirúrgica.

En 1955, The Journal of the American Medical Association publicó un artículo inspirador del doctor Henry Beecher, titulado «El poderoso placebo», que argumentaba que, si se administraban fármacos a las personas, muchas mejoraban. Pero si se les daba agua salada corriente, o cualquier otro ingrediente inactivo, aproximadamente un tercio de ellas se curaban, no sólo en su mente, sino también de forma real, a nivel fisiológico, lo cual podía comprobarse.

De pronto, «el efecto placebo» se convirtió en el pilar de la medicina contemporánea y nacieron los actuales ensayos clínicos. De hecho, al ser comparados con la morfina, los placebos son casi igual de eficaces en el tratamiento del dolor. Y muchos estudios demuestran que casi todas las respuestas de mejora del ánimo que experimentan los pacientes como resultado de los antidepresivos pueden ser atribuidas al efecto placebo.

Hoy día ha quedado ampliamente demostrado que nuestras creencias pueden aliviar los síntomas.

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