LA FILOSOFÍA DE LA GOLOSINA
El Marshmallow Experiment fue realizado por Mischel a partir de 1957 con el objetivo de analizar la capacidad de los niños para demorar la gratificación. Según Mischel los niños pequeños que pueden lograr una demora de la gratificación auto-impuesta son quienes, en su adolescencia, obtendrán mejores resultados en los planos académico y social. Si lo resumimos brevemente, el ensayo consistía en sentar a los niños delante del plato que contenía una única golosina, solos en esa habitación, y tenían que esperar veinte minutos antes de comérsela. Si conseguían esperar esos veinte minutos, les premiaban con otra golosina adicional. Si antes de los veinte minutos se lo querían comer, simplemente tocaban la campanita para avisar y allí acababa la prueba. Estas imágenes fueron grabadas y esta investigación fue la protagonista de un libro y todo un estudio muy interesante.
Es curioso, porque se hizo el seguimiento de esos niños y se observó que aquellos que encontraron dentro de ellos mismos, los recursos necesarios para controlar la tentación y convivir con la frustración, eran personas más equilibradas, más estables emocionalmente y más felices. Y yo me pregunto: si está demostrado que el ejercitar la voluntad, el postergar la gratificación y el gestionar la frustración hace de nosotros seres humanos más equilibrados, ¿por qué a nuestro alrededor todo va en la dirección contraria?
El reclamo de muchas empresas es: “lo tendrá en su puerta en seguida”. ¿Por qué esa urgencia? Por otro lado, sabemos que hay personas que trabajan en empresas de mensajería, que tienen que ir en una moto o una bicicleta precaria, haciendo piruetas entre los coches, para llegar a tiempo a entregar una pizza o algo por el estilo. Y a veces, poniendo en riesgo sus vidas o a la de otras personas, para cumplir el lema de la empresa: Entrega sin demora.
Neurocientíficamente está demostrado que la mayor intensidad de placer reside en la antesala de la gratificación. Y sin embargo nos empeñamos en acortar este espacio. Nos emperramos en competir a ver quién lo sirve más rápido. Se me hace de la Prehistoria cuando tenías que esperar a que llegase tu cumpleaños para que te regalasen un vestido, una muñeca o unos zapatos nuevos, y nunca podré olvidar con qué ilusión íbamos tachando las fechas en el calendario esperando el Gran Día. Con el añadido de que eras feliz, no solamnete el día que te llegaba el regalo sino también todos los días que formaban parte de esa cuenta atrás.
Cuando veo hoy día a las personas ansiando recibir inmediatamente la mercancía, cuando veo a las empresas compitiendo por ver quién la sirve antes, no puedo evitar pensar que nos hacemos flaco favor alimentando esa carrera a ninguna-parte. La frustración es un “músculo” y más nos valdría ir ejercitándolo desde la infancia. Como todos los músculos, de no emplearlo, se debilita. Y éste concretamente, nos ayuda a aceptar los reveses de la vida, aquellos momentos donde la vida no es como tu habías programado. Y esos suelen ser la mayoría.