La Hipnosis se ha utilizado para la curación desde que existe la humanidad, pero el hecho de que haya sido retratada en los medios de entretenimiento como algo misterioso y mágico, donde supuestamente el sujeto pierde el control, ha causado desconfianza y escepticismo. Sin embargo, los avances recientes en neurociencia nos han permitido comprender qué podría estar sucediendo cuando alguien entra en un estado hipnótico y por ello, se está utilizando cada vez más como herramienta útil para ayudar a los pacientes y profesionales de la salud a manejar una variedad de situaciones como por ejemplo la ansiedad y el dolor.
Muchas de las actividades cotidianas que realizamos, las hacemos en estado de “trance” como conducir por un trayecto familiar donde vamos perdidos en nuestros pensamientos y parecería que el coche “conoce el camino”; cuando nos olvidamos de todo leyendo un buen libro o cualquier otra actividad creativa. En esos estados, nuestro foco es predominantemente interno, pero en ningún modo hemos perdido el control.
La hipnosis la podemos comprender como un estado meditativo, al que uno puede aprender a acceder de forma consciente y deliberada. Las sugerencias que se dan, verbalmente o mediante imágenes, van dirigidas al resultado deseado ya sea para aliviar la ansiedad propiciando un estado de calma y relajación, mejorar la calidad del sueño o aliviar el dolor u otros síntomas. La hipnosis suele ser una experiencia relajante, que puede resultar muy útil en un paciente tenso o ansioso.
En la Terapia Transformacional se utiliza este estado meditativo para localizar cuándo, cómo y por qué se instalaron en nuestra mente determinadas creencias limitantes que pueden estar erosionando nuestras posibilidades de vivir una vida más plena y armoniosa.