¿PODEMOS ENGAÑAR A NUESTRO CEREBRO?

ENGAÑAR A NUESTRO CEREBRO

La Neurociencia ha demostrado que ciertos tipos de pensamientos a menudo conducen a ciertas emociones y que ciertas emociones nos llevan a actuar de manera determinada. Por ejemplo, cuando alguien piensa: “Estoy en peligro”, probablemente sentirá miedo. O, cuando alguien piensa: “Acabo de conseguir lo que quería”, esa persona probablemente se sentirá feliz. ¿Qué sucede durante una emoción?

Cuando se desencadena una emoción ocurre lo que se denomina “reacción emocional”. Los cambios ocurren automáticamente y se expresan en nuestra fisiología, en nuestros pensamientos y en nuestra manera de actuar. En tu cuerpo, por ejemplo, durante la felicidad es posible que sonrías, que tu voz suene más emocionada y que te levantes un poco más, y es posible que ni siquiera te des cuenta de que estás haciendo estas cosas. Cuando las personas tienen miedo, normalmente empiezan a buscar otros peligros en su entorno y es más probable que tengan pensamientos sobre otras cosas que les dan miedo. Por otro lado, cuando las personas están felices, suelen notar más cosas que les gustan a medida que avanza el día. De este modo vemos como una emoción nos predispone a sintonizar con la siguiente de su misma frecuencia.

La última parte de una reacción emocional es que empiezas a querer comportarte de manera diferente a como te comportas habitualmente. Por ejemplo, si estás enojado, quizás quieras gritar o pelear con alguien.

Las reacciones emocionales pueden ser útiles cuando ocurren en las situaciones adecuadas. Por ejemplo, si tienes miedo de una serpiente, tu emoción de miedo te ayudará a mantenerte alejado de las serpientes y evitar que te muerdan. Pero, ¿qué debes hacer si una emoción no te ayuda? Al contrario, te impide avanzar en la dirección que deseas. Los científicos han descubierto que existen algunas buenas habilidades que puedes practicar y que pueden ayudarte a lidiar con emociones inútiles.

Una habilidad es conocida como “reevaluación”. Para hacer esto, primero observa qué pensamientos tienes en una determinada situación. Seguidamente intenta encontrar otra forma de pensar en la situación que pueda hacerte cambiar tus pensamientos. Por ejemplo, si tienes miedo de hablar en público, entonces podrías intentar encontrar otra manera de pensar en esa actividad que te dé menos miedo. Podrías pensar: “Bueno, muchas otras personas han podido realizar esta prueba, así que probablemente yo también lo conseguiré”. O piensas en otras cosas a las que te has enfrentado en tu vida que te producían respeto/rechazo y, sin embargo, has conseguido enfrentarte a ellas. Si cambias tus pensamientos sobre una situación, puedes cambiar tus reacciones fisiológicas y tus acciones.

Otra habilidad que se ha demostrado muy útil se llama “acercarse a su miedo”. Es una buena habilidad para lidiar con el miedo inútil. Para hacer esto, primero decide que está bien sentir miedo, que es una reacción normal, que le pasa a mucha gente y  a pesar de todo, se sobreponen. Entonces decides seguir haciendo lo que temes, aunque el miedo siga ahí. Esto puede ayudarte a aprender a tener menos miedo en el futuro. Los valientes no son los que no tienen miedo, sino los que superan su miedo y a pesar de todo lo enfrentan. Para entender cómo funciona esto, primero recuerda que, cuando las personas tienen miedo de algo, normalmente quieren hacer todo lo posible para evitarlo. Por ejemplo, es posible que no quieras ir a la oficina porque hoy tienes miedo de hacer una presentación en público. El problema es que cuando evitas situaciones como esta (situaciones que en realidad no son peligrosas), nunca más podrás aprender a no tenerles miedo. En cambio, si te obligas a hacer muchas presentaciones diferentes en cualquier lugar, con el tiempo probablemente dejarás de sentir tanto miedo por ellas. Los científicos han descubierto que abordar tus miedos es una de las mejores maneras de hacer que tus miedos desaparezcan.

Y recuerda otra enseñanza importante: comprender las emociones puede ayudarte a comprender a otras personas.

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