Llega un momento en la vida en el que nos damos cuenta de que ya no somos las mismas de hace diez o veinte años. Hemos cambiado, hemos aprendido y, muchas veces, hemos puesto a todo el mundo por delante de nosotras.
Cerrar ciclos no siempre es fácil. Puede ser dejar un trabajo, despedirse de una etapa, ver cómo los hijos crecen, terminar una relación o simplemente aceptar que ya no queremos seguir viviendo de la misma manera y necesitamos un cambio.
Algunas cosas que he aprendido:
- No pasa nada por cambiar de rumbo. ¿Puedes equivocarte? Pudiera ser. Pero, según ese criterio, ningún inversionista habría invertido en proyectos. Cualquier inversión asume un riesgo, pero esto es parecido a lo que nos dicen acerca de las personas que no votan: “también los que no votan, votan”.
- Dejar atrás algo no es sinónimo de fracasar; es hacer sitio para lo que viene.
- No tienes que demostrar nada a nadie. Solo intentar conocerte y respetarte a ti misma.
- Nunca es tarde para empezar un proyecto, aprender algo nuevo o volver a ilusionarte.
- A veces, el mayor acto de valentía, es decir: “Hasta aquí”.
Si estás empezando una nueva etapa…
- Date tiempo. No hace falta tener todas las respuestas. La vida es un proceso en continuo desarrollo.
- Ten paciencia. No corres a ninguna parte.
- Recuerda que buscas calidad, honestidad, sinceridad.
- Escúchate más y exige menos de ti.
- Rodéate de personas que te hagan sentir en paz, que ellas mismas estén motivadas. Es difícil ilusionarse cuando tienes alguien a tu lado que te recuerda continuamente que “la vida es muy dura/difícil/complicada”.
- Celebra los pequeños pasos. Ellos son los “ladrillos de tu nuevo edificio”.
Y, sobre todo, recuerda una cosa: cada etapa de la vida tiene su belleza. El verdadero “antiaging” es la ilusión y eso, por ahora, no se vende en frascos.
1 Comentario
Janneth
actitud positiva,mujer sana, sin miedo a los nuevos cambios.